La Reina Isabel II ha muerto a los 96 años de edad en el castillo de Balmoral, en Escocia, según han informado desde el Palacio de Buckingham. La noticia ha provocado un aluvión de reacciones al más alto nivel diplomático y un terremoto emocional entre los ciudadanos del Reino Unido. La monarca ha sido una importante figura histórica. Su estado de salud ya hizo saltar las alarmas el jueves. Después de aplazar una reunión con su Consejo Privado, la reina se sometió a un nuevo control médico a la mañana siguiente y los doctores no escondieron su preocupación. Su agenda institucional, obviamente, quedó completamente congelada a la espera de su evolución.
Esta noticia provocó reacciones y viajes al
más alto nivel. La primera ministra de Reino Unido, Liz Truss, así como el
presidente de la Cámara de los Comunes, Lindsay Hoyle, comentaron públicamente
que sus pensamientos estaban con la reina y con su familia, algo que daba
pistas serias sobre la gravedad de la situación. Otras autoridades políticas,
como la ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon, se manifestaron en la
misma línea. Además, los príncipes Carlos y Guillermo se desplazaron al
castillo de Balmoral. De nuevo, esta noticia evidenció la preocupación
existente en el seno de la familia real
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